Argumento del discurso I de “Defensa sobre la muerte de Eratóstenes”

El discurso es pronunciado por Eufileto, labrador ateniense. El tribunal es el del Delfinio, que celebraba sus sesiones en un antiguo santuario de Apolo Delfinio situado en las afueras de la ciudad, donde eran juzgados quienes, habiendo cometido un acto de homicidio, sostenían que su acto no era ilegal.
Eufileto ha dado muerte al seductor de su esposa, Eratóstenes, natural del demo de Oe, a quien ha sorprendido en flagrante delito de adulterio. Contra la costumbre bastante general en estos casos, el esposo no se ha avenido a aceptar la indemnización que se le ofrecía, lo que ha hecho pensar a los parientes de la víctima que el homicidio respondía a móviles menos puros que el del honor ofendido.
El caso es que, por estas o por otras razones, acusan a Eufileto de haber tramado una emboscada contra Eratóstenes, de haberle secuestrado en la calle y arrastrado por fuerza a la casa para simular un encuentro en flagrante; de haberle arrancado violenta y sacrílegamente del hogar junto al que había buscado refugio; de haber, en fin, cometido un verdadero asesinato premeditado, con el que satisfacer una antigua enemistad.
El acusado refuta extensamente tales inculpaciones afirmando que no ha hecho más que obedecer a las leyes aplicables al caso, que son una de Dracón, según la cual no debe considerarse como asesinato la muerte dada por el marido a un hombre sorprendido en flagrante adulterio con su esposa y, quizás, otra de Solón en la que se autorizaría al esposo para hacer lo que quisiera con el adúltero.