Espacio y monumentos de la Atenas clásica:
La posición hegemónica de Atenas en el seno de la Liga Ático-délica fue el telón de fondo de algunas de las más grandes creaciones artísticas de todos los tiempos. Con una concepción de lo humano y de lo divino en consonancia con los tiempos que corrían en Grecia, en concreto, en Atenas.
El deseo de Atenas de seguir ejerciendo su papel panhelénico que pronto desembocaría en un imperialismo agresivo en el interior de la Liga fue el que dictó la política cultural del momento. Pericles entendió que, para lograr sus aspiraciones de grandeza, la ciudad necesitaba proyectar hacia el exterior y hacia el interior su imagen ideológica. Merced a la disponibilidad económica del momento y contando con un amplio círculo de artistas y hombres de la cultura, pudo realizar sus planes. Así se erigieron el Partenón y los demás edificios que embellecieron Atenas. Este programa se centraba en dos puntos: la Acropolis de Atenas y el santuario de Eleusis: en la Acrópolis se construyeron el Partenón y los Propileos, a sus pies se erigió el Odeón, edificio cerrado de forma circular, con varios órdenes de columnas; en el santuario eleusino, edificio de planta cuadrada con varias hileras de columnas, se levantó una nueva sala para los misterios.
Las obras arquitectónicas del Partenón de Atenea duraron doce años (448-437 a.C.). Los arquitectos, Calícrates e Ictino, crearon un original templo dórico, peristilo de 8 por 17 columnas. En el templo del Partenón no existen líneas rectas, ni piezas arquitectónicas exactamente idénticas; la sucesión de basas, fustes, capiteles, elementos del entablamento y techumbre cobraba un ritmo armónico. El Partenón está calculado con minuciosa perspicacia para producir en el espectador efecto de maravillosa perfección. En el interior del templo, Ictino rompió con la distribución espacial canónica haciendo frente a las exigencias culturales y a los imperativos derivados del volumen de la colosal estatua de Atenea. Por otra parte, por razones culturales imponían la presencia de una sala contigua, que estaba destinada a las actividades de las jóvenes atenienses relativas a la preparación del peplo de Atenea en las fiestas. A la arquitectura se unía una minuciosa ornamentación, incluidos los juegos de color (azul, rojo y dorado) en determinados componentes arquitectónicos, que culminaba con la decoración escultórica muy profusa sobre todo en los frontones y frisos. El frontón de la fachada occidental representaba la contienda de Atenea con Poseidón para adjudicarse el derecho de patronato de la ciudad. Las esculturas del frontón oriental, por su parte, representaban el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. En contraste con estas composiciones heroicas se desarrollaba bajo el gran pórtico un friso famoso, con una procesión en la que desfilaban todos los ciudadanos de Atenas: consistía en la celebración de las Panateneas, celebración que congregaba cada año a todo el pueblo de Atenas para llevar un nuevo peplo a la diosa.
Al concluirse la construcción del Partenón empezaron los trabajos de la erección de la nueva entrada monumental a la Acrópolis: los Propileos. Éstos se erigieron con un núcleo central, que constituye la vía de entrada propiamente dicha, precedido de una escalera monumental. Las columnas de las fachadas son dóricas y sin decoración escultórica. Es curioso observar que las columnas del interior del pasadizo pertenecen ya al orden jónico.
Por otra parte, en el marco de la escultura, Fidias creó por encargo de Cimón (460-450 a.C.) una escultura en bronce de proporciones gigantescas (c. 9 m. de altura), que erigió en la Acrópolis, cerca de los Propileos: es la Atenea Promakhos (“la que combate en primera línea”). Su segunda gran obra fue otra figura de Palas Atenea, hecha en bronce y de dimensiones poco mayores del natural, y que estaba situada al aire libre en la Acrópolis. Finalmente, la tercera Atenea era la Parthenos, de marfil y oro y situada dentro del Partenón. Tenía en una mano a la Victoria y con la otra se apoyaba sobre el escudo.
En el marco del programa de Pericles, se erigieron dos edificios con funciones asambleares en Eleusis y Atenas, respectivamente. El primero estaba destinado a los misterios eleusinos: Telestérion. Y el segundo, construido a los pies de la Acrópolis: Odeón, servía para albergar manifestaciones musicales.
Otros dos templos, el de Atenea Niké en la Acrópolis y el de Hefesto en la colina oeste del ágora, fueron proyectados al margen del programa edilicio de Pericles. A un lado de los Propileos se construyó el pequeño templo de estilo jónico dedicado a la Victoria sin alas, Niké Áptera. Con este monumento se quería confirmar que la Victoria ya no volaría ni se movería nunca más de Atenas.
El clima bélico en el que se vio envuelto el mundo griego a partir de 431 a.C. paralizó cualquier manifestación artística de cierta envergadura. No obstante, transcurridos los primeros años y fallecido Pericles, las nuevas circunstancias, transitoriamente favorables a Atenas, supusieron un nuevo despertar de la actividad artística. Coincidiendo con la firma de la Paz de Nicias (421 a.C.), se colocaron en
la Acrópolis los cimientos de un edificio nuevo, el Erecteion. El lugar se hallaba vinculado con la divina lucha entre Poseidón y Atenea y con las moradas de los reyes míticos de Atenas, Cécrops y Erecteo. Este templo fue edificado entre el año 421 y el 407 a.C., en mármol y puro estilo jónico. El Erecteion es un santuario triple. En una parte está la cella que guarda las marcas del tridente de Poseidón, cuando se disputó con Atenea el patrocinio de la ciudad; en otra, las dos cámaras del culto de Cécrops y Erecteo. A un lado, como innovación, hay una tribuna sostenida por seis cariátides, en forma de figuras de muchachas. Las cariátides aparecen inmóviles, pero no rígidas y sin dar, desde luego, impresión de insensibilidad. En contrate con el Partenón, templo de formas severas, se alza a una cierta distancia el Erecteion, prodigio de delicadeza.
Por último, habría que hacer referencia, en cuanto a la arquitectura militar de otra iniciativa de Pericles: la reconstrucción del puerto del Pireo y su unión con la ciudad mediante una doble muralla (“Los Muros Largos”). Teniendo que construir completamente de nuevo el barrio del Pireo, adoptó Pericles las teorías ultramodernas de Hipodamos de Mileto, que consistía en proyectar un cuadriculado con vías anchas y un reticulado de vías secundarias menores (“sistema hipodámico”). Los Muros Largos, que iban desde la ciudad de Atenas hasta el puerto de El Pireo, sirvieron en la Guerra del Peloponeso para refugiar a la población del Ática ante las invasiones sistemáticas del ejército espartano.
Fue, pues, Pericles un estratega, político y orador que las letras y las artes, dándole a Atenas un esplendor que no se ha vuelto a repetir a lo largo de su historia, realizando, como se ha visto, grandes obras públicas y mejorando la calidad de vida de sus conciudadanos.