Guerra del Peloponeso:
1.4.1.- Orígenes:
A lo largo del período llamado Pentecontecía, en el que Atenas ostentaba el poder de la Liga de Delos, todos los aliados se convirtieron en tributarios de Atenas. No cabe duda de que la riqueza y esplendor de Atenas en todo este período emanaban de la recaudación del phoros exigido a los miembros de la Liga. Atenas reprimió con dureza en el año 439 a.C. las últimas secesiones de ciudades aliadas y practicó en los años siguientes una agresiva política económica sustentada por su fuerza naval: se alió con Corcira contra Corinto y Esparta, atacó Potidea e impuso un bloqueo comercial a Mégara.
1.4.2.- Primera etapa: Guerra de Arquidamo (431-421 a.C.):
Todas estas circunstancias condujeron a la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). La primera fase de este conflicto duró diez años (431-421 a.C.) y se conoce con el nombre de “Guerra de los diez años” o “Guerra de Arquidamo”. Un incidente entre Corinto y Corcira y el ataque de Tebas a Platea, aliada de Atenas, fueron los motivos ocasionales que desencadenaron la lucha. La Liga del Peloponeso poseía superioridad por tierra, pero Atenas, con más de trescientas naves, dominaba el mar y disponía, además, de grandes recursos financieros. El plan de Pericles consistió en evacuar la población del Ática y refugiarse en Atenas y El Pireo, protegidos por los Muros Largos. Se sucedieron así durante varios años las invasiones sistemáticas del Ática, cuyos campos eran devastados por el ejército de la Liga del Peloponeso dirigido por el rey espartano Arquidamo, mientras los atenienses se dedicaban a operar con su flota en las costas del Peloponeso: en el 429 a.C. lograron la rendición de Potidea, tomaron la sublevada Mitilene (Lesbos) y realizaron con éxito una primera expedición a Sicilia (426 a.C.).
Entretanto, Pericles había muerto a consecuencia de la peste que diezmó Atenas en el año 429 a.C., y la disputa por el poder enfrenta a Nicias, cabeza del partido conservador que propugnaba un acuerdo con Esparta, y a Cleón, demócrata radical partidario de seguir con la guerra. Cleón obtuvo un triunfo momentáneo en Esfacteria; pero de inmediato, los espartanos, bajo el mando del general Brásidas, invadieron Tracia y tomaron Anfípolis, punto clave porque dominaba las rutas por donde Atenas se abastecía de trigo. Los esfuerzos atenienses por reconquistar la ciudad resultaron baldíos y en uno de los ataques murieron tanto Cleón como Brásidas. En ambos mandos se impuso entonces la opinión favorable al entendimiento, que fructificó en la firma de la llamada Paz de Nicias (421 a.C.), un tratado por cincuenta años que restablecía la situación anterior al año 431 a.C., reforzándola con el establecimiento de una alianza entre Esparta y Atenas.
1.4.3.- Segunda etapa (421-404 a.C.):
La paz de Nicias abrió una etapa de inestabilidad, pues, apenas transcurridos seis años, la guerra se reanudó. La entrada en la política ateniense de Alcibíades, adversario de Nicias y simpatizante de la tendencia belicista, deterioró las relaciones con Esparta. Atenas, además, se alió en el año 420 a.C. con algunos de los enemigos tradicionales de Esparta e intimidó y atacó, posteriormente, la isla de Melos con la intención de forzar su ingreso en la Confederación ático-délica.
Alcibíades, deseoso de vencer a Esparta y conociendo la importancia de Siracusa (Sicilia), convenció a sus conciudadanos de que era fácil intentar la conquista de Sicilia. En contra del parecer de Nicias, la Asamblea resolvió enviar una expedición para prestar ayuda a Segesta, que luchaba contra Siracusa (415 a.C.). Pero la operación siciliana constituyó un fracaso: tras los primeros éxitos, las ciudades que habían prometido su alianza no se movieron y el ejército ateniense empezó a experimentar dificultades. Alcibíades, acusado de sacrilegio en su patria, excusó volver para someterse a juicio y huyó a Esparta. Finalmente, Siracusa no sólo resistió el asedio ateniense, sino que sus tropas aniquilaron a la flota ateniense en el puerto siracusano y al ejército de tierra en la batalla del río Asinaro (413 a.C.).
El desastre fue inmenso: una parte de los atenienses prisioneros murieron de hambre y miseria, condenados a trabajar en las canteras; otros
fueron vendidos como esclavos; Nicias y los generales fueron ejecutados.
El último período del conflicto contempló la paulatina decadencia ateniense (413-404 a.C.). La derrota en Sicilia trajo graves consecuencias para Atenas, pues muchas ciudades de la Liga aprovecharon la ocasión para desertar, dando inicio a la desintegración del imperio marítimo.
El malestar político que por aquel entonces se vivía en Atenas se tradujo en un triunfo de la Oligarquía: se instaló el régimen de los Cuatrocientos. La reacción de la flota fondeada en Samos, que hizo llamar a Alcibíades, derrocó la oligarquía, reforzando la Democracia. Alcibíades, pues, fue elegido estratego por la escuadra y regresó triunfalmente a Atenas (407 a.C.). Bajo su impulso los atenienses recobraron la moral. Al año siguiente, alcanzó Atenas su última victoria en la batalla naval de las Arguinusas.
Con la ayuda de Persia, Esparta había fortalecido sus efectivos navales. Y, bajo el mando de Lisandro, la flota ateniense fue sorprendida y hundida en Egospótamos (405 a.C.). Atenas, sitiada por tierra, tuvo que rendirse al ejército de Lisandro (404 a.C.). Las condiciones impuestas fueron durísimas: demolición de los Muros Largos, disolución de la Liga délica, entrega de la escuadra, reconocimiento de la hegemonía espartana y regreso de los exiliados. Se impuso, además, un gobierno oligárquico, el de los Treinta.
La guerra del Peloponeso fue, por tanto, un conflicto que afectó en mayor o menor medida a toda Grecia y puso fin a la hegemonía ateniense, pasando el poder de Grecia a manos de Esparta, la vencedora de la larga confrontación entre los griegos. Pero pronto sentirían los propios aliados de Esparta la opresión de la nueva ciudad hegemónica.