La Historiografía:
1.- Definición y orígenes de la Historiografía:
El término “historia” proviene del perfecto griego οἶδα (sé, conozco por haber visto), cuya raíz es *wid-, que más el sufijo agente -τωρ tenemos *wιδτωρ > ἵστωρ (el que conoce o sabe). A partir de aquí se forma el sustantivo abstracto ἱστορία: “narración de lo que se ha visto y, por tanto, se conoce”.
A partir de la Ilíada y la Odisea de Homero y de Teogonía y Trabajos y Días de Hesíodo, obras donde el mito hace galán, donde cualquier ciudadano griego encontraba reflejada la historia de su pueblo y un cúmulo de ideales y valores sociales, capaces de satisfacer su exigencia para comprender la relación entre el hombre y el mundo, el hombre y lo suprahumano…
En Mileto, por otra parte, importante centro comercial, confluyeron circunstancias varias que dieron origen al pensamiento racional: es el llamado “paso del μῦθος al λόγος”, a partir del cual se desarrollarán la filosofía, la historiografía… Pero es a partir de la toma de conciencia por parte de los griegos de su propia identidad y del nacimiento y desarrollo de la πόλις, cuando se darán los orígenes de esta ciencia. Al hecho de que el nacimiento de la historiografía se diera en Mileto está unido a la prosa y al dialecto de este territorio griego: el dialecto jónico. Los primeros historiadores, como Hecateo y Heródoto, elaboraron su prosa histórica en dicho dialecto.
Los primeros hombres que describieron los lugares por los que viajaban recibieron el nombre de logógrafos (escritores de relatos), término que utiliza Tucídides para referirse a ciertos predecesores que habían preferido ganarse el favor de su auditorio a la verdad (escritores de relatos).
Como se ha dicho anteriormente, la actividad historiográfica se localiza en Mileto, donde encontramos, entre otros, a Cadmo, primer autor conocido, Dioniso y Hecateo, en cuyas obras los datos geográficos se acumulaban en áridas enumeraciones, aunque es bastante interesante la cantidad de material etnográfico.
2.- Principales autores:
2.1.- Heródoto:
Heródoto nació en el 484 a.C. en la ciudad de Halicarnaso, en la costa de Asia Menor. Sin embargo, siguiendo la tradición logográfica escribió sus Historias en dialecto jónico. Desterrado por el tirano de su ciudad a la isla de Samos durante diez años, Heródoto aprovechó para recorrer la Hélade, Babilonia, la Cólquide, Siria, Macedonia, Libia, Cirene y Egipto. Durante el 447 a.C. y el 443 a.C, marchó a Atenas, donde se relacionó con el círculo intelectual de Pericles; después fue a Turios, y allí murió poco después de comenzar la guerra del Peloponeso, en el año 425 a.C. En Turios escribió su obra dedicada en gran parte a las guerras médicas; dicha obra está dividida en 9 libros, cada uno llamado con el nombre de una Musa. En ellos se narra con objetividad y precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia a principios del siglo V a.C., haciendo especial énfasis en aspectos curiosos de los pueblos y los hombres tanto de los griegos como de los bárbaros, al tiempo que describe la historia, etnografía y geografía de su tiempo.
La composición de su obra es de tipo homérico; hay continuas digresiones, retrocesos, novelas, etc. Su metodología histórica se basa en la observación personal (ὄψις) y en la obtención de datos a partir de fuentes escritas y orales.
La obra de Heródoto es considerada una fuente importantísima por los historiadores debido a su gran veracidad, por ser la primera descripción del mundo antiguo a gran escala y ser a su vez la primera en prosa griega. Por esto Cicerón lo llamó pater Historiae (“el padre de la Historia”).

2.2.- Tucídides:
La obra de Heródoto fue la antecesora necesaria, para que Tucídides escribiera la suya. Le sirvió, por una parte, de modelo, y, por otra, de contraste.
Tucídides nació hacia el 460 a.C. en Atenas. En la guerra del Peloponeso, Tucídides fue nombrado estratega de la ciudad de Atenas. En el 424 fue condenado al exilio durante 20 años. Este hecho le dio la oportunidad de obtener información bastante completa, procedente de los dos bandos en conflicto, que utilizó para la composión de su Historia de la Guerra del Peloponeso, en la que narra los acontecimientos ocurridos entre el año 431 a.C. y el 411 a.C. Volvió del exilio veinte años después, al terminar la guerra. Fue, seguramente, entonces cuando comenzó a escribir su obra literaria, histórica, sobre los datos que él mismo, durante esos veinte años fuera de Atenas, fue recogiendo. Murió hacia el 396 a.C. sin que le diera tiempo a completar su obra.
La obra de Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, dividida en ocho libros, se podría fragmentar temáticamente en dos: una primera parte, donde se narran los acontecimientos primeros de la primera parte de la Guerra del Peloponeso hasta la Paz de Nicias, y, una segunda parte, cuya narración comprende la segunda parte de la Guerra del Peloponeso hasta la derrota de Atenas en Sicilia (411 a.C.).
Tucídides marca distancias respecto a obras anteriores de la literatura griega por escapar de los mítico, por no buscar agradar a sus lectores, la cual es otra gran diferencia con Heródoto, pues escribe con la intención de ser leído y no oído.
Tucídides se propone la búsqueda de la verdad, criticando la tradición oral sin comprobación; crítica que le hace a Heródoto. Desea, además, exponer la verdad de forma sencilla e imparcial. Es importante, pues, la imparcialidad de Tucídides, como historiador: no manipula nunca los documentos,. Sino que los trata literariamente y elige lo que cree más oportuno de acuerdo con el género literario y con sus propósitos.
En cuanto a su lengua, escribe en dialecto ático, pero encontramos junto a formas tradicionales áticas otras innovadoras, envueltas en construcciones sintácticas y rasgos fonéticos arcaicos, por donde desliza el conocimiento del vocabulario de los tratados hipocráticos, del vocabulario jurídico y de un vocabulario harto psicológico. Es por todo esto, por lo que el escritos afirma escribir para personas formadas e interesadas en el estudio, no en el mero placer acústico.

2.3.- Jenofonte:
Nació en Atenas en el año 428 a.C. Fue discípulo de Sócrates. Más tarde participó en una expedición mercenaria a las órdenes de Ciro el Joven para derrotar al hermano de éste, rey de Persia, con el apoyo de Esparta. Jenofonte tuvo una tendencia filo-espartana, tanto que ayudó al rey lacedemonio Agesilao; esto le costó el destierro de Atenas. Esparta, sin embargo, le otorgó una propiedad en Escilunte, donde vivió hasta la derrota de los lacedemonios en la batalla de Leuctra (371 a.C.), dirigiéndose primero a Corinto y, posteriormente, a Atenas, habiéndose anulado previamente la orden de exilio. Murió alrededor del año 350 a.C. La obra literaria de Jenofonte fue prolífica y de contenido diverso, destacando las obras históricas. Se puede establecer la siguiente clasificación por temática:
a) Obras de carácter histórico-político: Anábasis, que a lo largo de 7 libros narra la fracasada expedición en ayuda del príncipe persa Ciro y el posterior regreso de los mercenarios griegos; Constitución de los lacedemonios, un elogio del sistema espartano; Helénicas, relato histórico como continuación de la obra de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso y que extendió hasta la caída de la hegemonía tebana; Agesialo, un discurso de elogio al rey espartano, a quien presenta como un abanderado del panhelenismo.

b) Obras de carácter filosófico: La Apología de Sócrates reconstruye la defensa del pensador ante los jueces, escrita según algunos autores en respuesta a la Apología compuesta por Platón; las Memorables o Recuerdos de Sócrates, en los que mezclan datos proporcionados a partir de la “literatura socrática” anterior a Jenofonte y los propios recuerdos del autor acerca de Sócrates; el Banquete es también una obra en la que introduce diversas opiniones de Sócrates.
c) Obras didácticas: La Ciropedia, novela histórica compuesta por 8 libros, con Ciro el viejo como protagonista, que contiene numerosas opiniones acerca de la política con una finalidad moral; el Cinegético es un tratado de caza, en el que se insiste en su valor educativo en el desarrollo del carácter y como entrenamiento para la guerra; Sobre la equitación, acerca de la maestría de montar a caballo; Hipárquico, versa sobre los deberes de un oficial de caballería; Hierón, un diálogo acerca de la tiranía entre Hierón el Viejo de Siracusa y Simónides de Ceos; el Económico, un diálogo en el que interviene Sócrates, y en el que se habla de la dirección de la economía doméstica; los Ingresos, donde se sugiere nuevos sistemas para incrementar los recursos públicos.
Podemos decir, para finalizar, que Jenofonte tuvo muchos lectores en la Antigüedad por la sencillez de su lenguaje y la claridad de sus pensamientos. Tuvo un notable y polifacético talento, pero sin el de un genio.